Cuando Mirela Fontán reservó su primer viaje a Machu Picchu en julio, lo hizo porque leyó que era el mejor mes para visitar Perú. Llegó y encontró filas de tres horas para entrar al sitio arqueológico, hospedajes ocupados y precios que duplicaban lo que había visto en otras fechas. Nadie le había explicado que julio es el mes de mayor afluencia turística en toda la región andina.
La temporada alta no garantiza mejor clima en todos los destinos
Muchos principiantes asocian temporada alta con buen tiempo. Pero esto varía radicalmente según la geografía. En el Caribe, por ejemplo, la temporada alta coincide con el invierno del hemisferio norte, cuando los turistas huyen del frío europeo y norteamericano. El clima local puede ser seco y agradable, o puede estar en plena temporada de lluvias dependiendo del año.
Los sitios emblemáticos tienen cupos limitados que se agotan meses antes
Lugares como la Capilla Sixtina, el Camino Inca o los Uffizi en Florencia requieren reserva anticipada independientemente de la temporada. En temporada alta, esas entradas se agotan con semanas de anticipación. Un principiante que llega confiando en comprar en la puerta casi siempre se queda afuera.
Viajar en temporada media puede ser más inteligente
Los meses de hombro, es decir las semanas inmediatamente antes o después del pico turístico, combinan condiciones climáticas similares con menor saturación y precios más accesibles. Mirela lo comprobó cuando volvió a Perú en septiembre: mismos paisajes, mitad de la gente.
